
Cuando Mario asumió el reto de lograr que Camila, una niña con discapacidad cognitiva, dejara de ser excluida por sus compañeros de colegio, no imaginó que esta decisión le daría un rumbo diferente a su vida y que, con los años, lo llevaría a recorrer el mundo representando a todo un país.
Luego de esta experiencia, entendió que su vocación estaría dedicada a impactar la vida de las personas con discapacidad y la de sus familias a través del deporte.
Mario Verdugo nació en Floresta (Boyacá), creció en el corregimiento de Tobasía y estudió Licenciatura en Educación Física en la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Conoció a Camila en 2008 cuando se estrenaba como profesor en Yopal, Casanare. Al finalizar ese año, sus compañeros de clase prácticamente se peleaban por compartir tiempo con ella. “Esa niña encendió en mí la llama de querer trabajar con personas con discapacidad”, afirma el entrenador.

A finales de 2009 regresó a Boyacá en busca de oportunidades para ejercer su profesión en el deporte adaptado. Ante la falta de oferta, él mismo se encargó de crearlas: con el apoyo del gobierno local y del instituto de deportes, impulsó el programa de escuelas de parálisis cerebral. En este proyecto trabajó con disciplinas como Para Natación, Para Ciclismo y Para Atletismo, y allí descubrió el Boccia, la disciplina que lo enamoró y con la que ha construido una carrera tan desafiante como gratificante.
En 2011 inició su proceso como entrenador del equipo de Boccia de Boyacá. Con ellos pasó de conseguir una medalla de bronce en los Juegos Paranacionales de 2012 a cosechar dos preseas de oro, dos de plata y dos de bronce cuatro años más tarde. Gracias a estos resultados, llegaron las convocatorias a selecciones Colombia, tanto para los deportistas boyacenses como para él en el rol de auxiliar, lo que lo llevó a participar en Copas Mundo, Juegos Parapanamericanos e incluso Juegos Paralímpicos.
Con una visión cada vez más amplia y procesos más sólidos, fue designado entrenador de la Selección Colombia juvenil de Boccia entre 2020 y 2022, y desde 2025 está al frente de la selección absoluta. Actualmente también dirige la selección de Boccia de Bogotá.
Más allá de los triunfos y derrotas, Mario reconoce que lo más valioso de este camino ha sido su crecimiento personal, sumado a la evolución, resiliencia y carácter que ve en sus dirigidos tras ciclos de preparación estructurados.
Esto quedó en evidencia con Cristian López, un joven con distrofia muscular de Duchenne que, tras el fallecimiento de su hermano (quien padecía la misma condición), perdió el sentido del entrenamiento argumentando que, de cualquier forma, se iba a morir.
“Empecé a cuestionarlo y le dije: ‘Cristian, ¿tú conoces los luceros?’. Me dijo que sí. Le pregunté si había visto uno alguna vez y su respuesta fue negativa. Entonces le dije: ‘Un lucero aparece solo un instante; sin embargo, cuando pasa, ilumina todo a su alrededor, y eso eres tú’”. Mario no puede asegurar si fueron esas palabras las que transformaron a Cristian, pero a partir de esa conversación su mentalidad cambió radicalmente. Comenzó a entrenar con mayor empeño y, con apenas 15 años, fue figura en las competencias de Boccia de los Juegos Paranacionales 2015, disputando mano a mano frente a referentes como Euclides Grisales. En 2017 integró la Selección Colombia en los Juegos Parapanamericanos Juveniles de San Pablo, Brasil, donde disputó la final ante un atleta local y se coló la medalla de oro.
“Cristian subió al podio a recibir la medalla de oro y la mascota. Cuando comenzó a sonar el himno de Colombia y vi izarse la bandera, me impacté mucho al recordar cuando decía que no quería entrenar porque se iba a morir. El Boccia me ha dado muchas alegrías, pero esta es una de las que más me emociona”.

Su experiencia con deportistas de distintas categorías le ha permitido hallar el equilibrio ideal según las necesidades de cada etapa: “Los juveniles son como plastilina a la que puedes empezar a darle forma. El proceso de iniciación con ellos es más estructurado y me llena poder transformar no solo su mentalidad, sino la de sus familias; hacerles entender que el deporte les brinda autonomía e independencia, dos pilares esenciales para mí”.
“En el alto rendimiento, en cambio, trabajamos con deportistas ya formados. Sin embargo, es normal que en ocasiones flaqueen. Ahí el abordaje cambia: se trata de respaldarlos con pautas y directrices claras para que continúen desarrollando su trabajo de la mejor manera”.
Aunque sabe que las medallas son fundamentales y entrena a diario para alcanzar más triunfos, su mayor anhelo es dejar un legado en las familias, deportistas y nuevos entrenadores, guiado por un propósito de servicio hacia los demás. Quiere motivar a que más personas tomen la iniciativa de impactar a otros: “Cuando ya no esté en este mundo, no quiero que al profe Mario lo recuerden por cuántas medallas ganó, sino por la huella que dejó en sus vidas”.