
Cuando Juan Felipe Mesa descubrió el tiro con arco en 2010, ni siquiera sabía que ese deporte existía formalmente en Colombia. Caminaba por el Parque Obrero de Itagüí (Antioquia) cuando vio a una conocida cargando un arco recurvo y la curiosidad lo llevó a preguntar dónde lo practicaba. Lo que parecía una conversación casual terminó convirtiéndose en el inicio de una carrera que hoy lo tiene al frente del Para tiro con arco colombiano.
Nacido en Itagüí en 1991 y criado en el barrio Santa María La Nueva, Juan Felipe recuerda una infancia sencilla, marcada por la escuela y las tardes de juego en la calle. Años después, mientras cursaba la carrera de Profesional en Entrenamiento Deportivo, encontró en el tiro con arco un deporte que lo cautivó por la exigencia técnica y física que demandaba.
Sus primeros acercamientos estuvieron lejos de las condiciones ideales. Entrenaba con arcos de PVC y flechas artesanales, en espacios improvisados donde se practicaba más la técnica que el disparo. Sin embargo, aquel escenario fue suficiente para despertar una pasión que terminaría definiendo su vida profesional.

La falta de tiempo lo obligó a hacer una pausa. Entre las jornadas universitarias y los trabajos que desempeñaba como auxiliar administrativo y cajero de un almacén, resultaba muy difícil sostener los entrenamientos. Pero el deporte reapareció en su camino en 2013, cuando un compañero de universidad lo invitó a participar en un proyecto de tiro con arco para personas con discapacidad en la Fundación de Apoyo al Deportista Antioqueño.
“No había una oferta laboral como tal, era más un proyecto, pero yo quería aprender”, recuerda.
Aceptó sin imaginar que allí encontraría su verdadera vocación. Desde entonces, toda su trayectoria ha estado ligada al deporte paralímpico.
Mientras el Para tiro con arco apenas daba sus primeros pasos en Colombia, Juan Felipe comenzó a formarse a través de cursos, capacitaciones y mucha experiencia práctica. Antioquia se convirtió en una de las regiones pioneras en el desarrollo de esta modalidad y él en uno de sus principales impulsores.
Su compromiso lo llevó incluso a financiar con recursos propios un curso continental para entrenadores de Para arquería en Chile, en 2016. Aquella decisión reafirmó la convicción de que quería dedicarse a construir el deporte desde sus bases.
El reconocimiento llegó años después. En 2021 fue vinculado a la Federación Colombiana de Tiro con Arco para liderar procesos de masificación y selección nacional. Desde entonces ha recorrido distintas regiones del país promoviendo la disciplina, organizando exhibiciones y detectando nuevos talentos.
Uno de esos talentos fue Héctor Ramírez.
Juan Felipe lo conoció durante una visita a Villavicencio. En ese momento no destacaba por sus resultados, pero sí por sus ganas de aprender. Comenzaron a trabajar juntos y, con el tiempo, Héctor se convirtió en el primer arquero colombiano en conseguir un diploma paralímpico para el país en esta disciplina durante los Juegos Paralímpicos de París 2024.
Para el entrenador, ese logro representa uno de los momentos más emocionantes de su carrera.
“Cuando Héctor logró el diploma y reconoció el trabajo que habíamos hecho juntos, casi me hace llorar”, confiesa.
Sin embargo, quienes lo conocen saben que sus objetivos van más allá de las medallas. Juan Felipe insiste constantemente en que sus deportistas deben prepararse para la vida fuera del deporte. Les habla sobre la importancia de estudiar, de aprender idiomas y de construir un proyecto personal que trascienda los resultados deportivos.
Esa visión también proviene de las lecciones que ha aprendido de sus propios atletas.

“El deporte me ha enseñado a ser más paciente y empático. Cada persona vive procesos distintos y aprende de manera diferente”, asegura.
Fuera de los campos de tiro, Juan Felipe es una persona reservada. Mientras muchos aprovechan los viajes internacionales para recorrer ciudades, él suele preferir la tranquilidad de una habitación de hotel. Los videojuegos y el metal son sus grandes aficiones, espacios donde encuentra descanso después de largas jornadas de competencia.
Al preguntarle cómo le gustaría ser recordado, no habla de récords, clasificaciones ni diplomas paralímpicos. Su respuesta tiene más que ver con las personas que con los resultados.
“Me gustaría que me recordaran por lo que aporté en la vida de cada uno”.
Quizás esa frase resume mejor que cualquier medalla su legado. Porque detrás del crecimiento del Para tiro con arco colombiano hay un entrenador que entendió que formar deportistas también significa ayudar a formar personas.