Anyela Rivas, la lanzadora que convirtió la pista en un proyecto de vida para sus atletas

Anyela Rivas

Cuando Anyela Rivas entró al Stade de France, en París 2024, no encontró un lugar libre en las tribunas. El estadio de atletismo estaba lleno, la gente gritaba sin descanso y hasta los entrenadores tenían que abrirse paso para ver a sus deportistas. “Uno también tenía los pelos de punta, igual que el deportista”, recuerda. Ese día estaba cumpliendo uno de los sueños de su vida: asistir a unos Juegos Paralímpicos como entrenadora de la Selección Colombia de lanzamientos.

Para llegar allí tuvo que recorrer un camino que empezó dentro de un estadio, el de Candelaria, Valle del Cauca. Allí nació en 1989, porque sus padres, oriundos del Chocó, trabajaban como cuidadores del escenario: pintaban la pista, marcaban la cancha de fútbol y mantenían todo en orden. “Había deporte todos los días, por eso para nosotros era normal practicarlo”, cuenta. Anyela y sus hermanas crecieron en esa casa, entre el atletismo y el fútbol, hasta que ella cumplió 18 años.

Comenzó como fondista, pero un día su entrenador, Juan Carlos Díaz, le propuso lanzar al ver su contextura fuerte. Lanzó, ganó y, apenas un mes después, él la llevó a Cali. Desde entonces el lanzamiento fue su disciplina. Ya con resultados nacionales, Angel Salcedo la invitó a Antioquia, con la posibilidad de competir y estudiar. Se fue sola y llegó a la Villa Deportiva, con el temor de la histórica rivalidad deportiva entre vallecaucanos y antioqueños. Pero ocurrió lo contrario: “Se me abrieron las puertas en todo. Nunca sentí discriminación; me hicieron sentir parte de su casa”.

Con la camiseta antioqueña compitió en Juegos Panamericanos, Suramericanos y Centroamericanos, y llegó a tener marca para unos Juegos Olímpicos. Atribuye esos logros a la disciplina que le inculcaron entrenadores como Juan Carlos Díaz y Ángel Salcedo, y de ellos heredó también el deseo de ser entrenadora.

Foto cortesía: Anyela Rivas

El paso al Para atletismo fue casi una casualidad. Mientras estudiaba para ser Técnica en Entrenamiento Deportivo en el SENA, buscó hacer sus prácticas en algo distinto a lo que ya dominaba y terminó acompañando al entrenador de los Para atletas de Antioquia. “Empecé, y después me enamoré de esto”, dice. Cuando las prácticas terminaron, siguió yendo a la pista durante cerca de un año sin recibir pago, solo porque le gustaba ayudar y Cuando el profesor se fue del país, Indeportes Antioquia le ofreció quedarse como entrenadora.

Ese tiempo exigió mucho. Competía, entrenaba y terminaba su carrera profesional al mismo tiempo. “Llegaba a las 4:00 a.m., hacíamos pesas, a las 7:00 salía a trabajar con los muchachos y en la tarde iba a estudiar hasta El Poblado. Prácticamente ni descansaba”. Por eso se puso una meta: retirarse en 2019, y lo hizo como campeona nacional de lanzamiento de bala en los Juegos Nacionales. “Me despedí bien del deporte de alto rendimiento”, afirma.

Su formación no se detuvo ahí. Se graduó como Profesional en Entrenamiento Deportivo y luego cursó una maestría en Didácticas de la Educación Física, la Recreación y el Deporte en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid, convencida de que, para que sus atletas llegaran más lejos, ella también debía seguir avanzando.

En Antioquia, junto a otros dos entrenadores, decidieron que cada uno se especializaría en lo que mejor dominaba para sumar más medallas. A ella le correspondieron los lanzamientos. Pasar del deporte convencional al paralímpico le cambió la mirada: “Más que retador, es inspirador. Encontrarse con personas con limitaciones muy grandes y ver lo que pueden lograr es una enseñanza muy grande”.

Los resultados la llevaron a la Selección Colombia en 2023, cuando la llamaron para acompañar los procesos juveniles rumbo a los Juegos Parapanamericanos Juveniles de Bogotá. Por esos procesos han pasado deportistas como José Cifuentes, Yasiris Blandón, Salomé Henao y Levin Moreno. En 2024, en el Grand Prix en Suiza, la Federación y el Ministerio la enviaron por primera vez sola, al frente del equipo mayor de lanzamientos. “Para mí fue un hito muy grande”, recuerda.

Foto cortesía: Anyela Rivas

Meses después llegó la noticia de París. Se enteró unos seis meses antes de los Juegos y, según cuenta, “saltaba en un solo pie”. Allí vivió la presión de un estadio colmado y de las cámaras que no se apagaban. Por eso fue clave el acompañamiento del equipo multidisciplinario del Comité Paralímpico, con psicólogos permanentes y una concentración previa. Los resultados llegaron: Salomé Henao consiguió diplomas paralímpicos en bala y disco, y Yessica Muñoz, con apenas 14 años, la más joven de la delegación, terminó entre las diez primeras.

El próximo sueño tiene fecha: Los Ángeles 2028. Anyela quiere ir con la selección y ganarse “unas dos medallas paralímpicas” con deportistas como Levin, Yasiris o Salomé, que ve en el camino. Pero tiene claro que los podios no son lo único que cuenta. Para ella, uno de sus mayores logros es ver graduarse a sus deportistas, tener casa propia o construir un proyecto de vida distinto al que imaginaban. “Yo siempre los he tenido como familia”, dice.

Esa familia deportiva se rige por tres principios: disciplina, respeto y pasión, “tanto en el campo como en la vida cotidiana”. Y cuando le preguntan por su legado, duda un momento, porque nunca lo había pensado, y luego responde: “Que saliendo de aquí todos puedan vivir mejor de lo que aprendieron en el deporte. Que cuando esté viejita me encuentren y digan: esta señora aportó mucho a mi vida dentro y fuera del campo”.

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