
Aunque apenas iniciaba septiembre, el verano francés desapareció por unas horas y la lluvia opacó, por un momento, la magnitud del escenario en el que se disputaba el Fútbol para Ciegos de los Juegos Paralímpicos París 2024. Frente a la Torre Eiffel, se erigían 800 metros cuadrados de montaje provisional, con una tribuna para más de 12.000 personas y una grama sintética de la mejor calidad.
El 5 de septiembre a las 5:30 de la tarde, el equipo colombiano disputaba su paso a la final ante el combinado local, que se reforzó con los aficionados que alentaron sin descanso durante todo el encuentro y quienes, junto a la lluvia, jugaron a favor de Francia.
Las condiciones no favorecieron a Colombia: el piso húmedo dificultó el control del esférico que caracteriza a los cafeteros, el ruido constante opacó el balón sonoro y la localía bien aprovechada le permitió a Francia llevarse el encuentro por 1-0, dejando a la tricolor por fuera de la disputa por el oro.

Este es el encuentro que volvería a jugar Fernando Carrillo, entrenador del equipo nacional, porque está seguro de que el proceso llevado a cabo durante varios años los había formado como campeones y les había dado las herramientas para pelear en lo más alto del podio.
En estas justas Colombia se quedó con el cuarto lugar, y aunque el estratega y sus dirigidos iban por más, este grupo hizo historia en el deporte nacional. Se trató de la primera participación del Fútbol para Ciegos colombiano en unos Juegos Paralímpicos, obteniendo un diploma paralímpico y consolidándose como el primer equipo del país —sumando el historial olímpico y paralímpico— en llegar a instancias finales en un certamen de esta magnitud.
“Nosotros íbamos muy convencidos de lo que teníamos y estábamos muy satisfechos con el trabajo. Ya había un equilibrio táctico y un equilibrio ofensivo, jugábamos de tú a tú con los mejores equipos del mundo. Ya no había temor, no había nervios, sólo había emoción. Suena un poco egocentrista, pero yo planifiqué sobre el peor de los resultados y mi peor resultado era quedar cuarto en París, entonces para mí, este lugar estaba dentro de lo mínimo”.
Ese temperamento y la convicción con la que dirige han acompañado a Carrillo desde siempre. Nació el 31 de enero de 1973 en Bucaramanga y gracias a su padre, Jaime Carrillo, el deporte fue algo cotidiano en su vida y en la de sus dos hermanos. Por eso, desde los 10 años eligió la lucha olímpica en la modalidad grecorromana, disciplina con la que llegó a ser campeón nacional en la categoría 57 kg.
Con este mismo deporte empezó a dar sus primeros pinitos como entrenador, inicialmente de manera empírica. Su trayectoria lo fue llevando a otros escenarios en los que se destacaba con honores: los 36 podios logrados en siete disciplinas distintas durante su labor como docente en diferentes instituciones educativas de Bucaramanga son la evidencia del potencial con el que contaba el profe Carrillo.
En 2008 llegó su primer acercamiento al deporte adaptado. Ese año, Fernando asumió como entrenador del equipo de Fútbol Sala Auditivos de Santander y, tras quedar campeón en los Juegos Nacionales, le ofrecieron un nuevo reto en paralelo: la dirección del equipo de Fútbol para Ciegos del departamento, conjunto que lideró oficialmente desde 2009.
Ese temperamento y la convicción con la que dirige han acompañado a Carrillo desde siempre. Nació el 31 de enero de 1973 en Bucaramanga y gracias a su padre, Jaime Carrillo, el deporte fue algo cotidiano en su vida y en la de sus dos hermanos. Por eso, desde los 10 años eligió la lucha olímpica en la modalidad grecorromana, disciplina con la que llegó a ser campeón nacional en la categoría 57 kg.
Con este mismo deporte empezó a dar sus primeros pinitos como entrenador, inicialmente de manera empírica. Su trayectoria lo fue llevando a otros escenarios en los que se destacaba con honores: los 36 podios logrados en siete disciplinas distintas durante su labor como docente en diferentes instituciones educativas de Bucaramanga son la evidencia del potencial con el que contaba el profe Carrillo.

En 2008 llegó su primer acercamiento al deporte adaptado. Ese año, Fernando asumió como entrenador del equipo de Fútbol Sala Auditivos de Santander y, tras quedar campeón en los Juegos Nacionales, le ofrecieron un nuevo reto en paralelo: la dirección del equipo de Fútbol para Ciegos del departamento, conjunto que lideró oficialmente desde 2009.
Más allá de lo deportivo, lo primero en lo que empezó a trabajar fue en la comunicación. “Tuve que aprender estrategias comunicativas para dirigir a los sordos y a los ciegos; y aprender sobre cómo hacer los ajustes razonables para que el proceso deportivo se pudiera llevar a cabo. Era una época en la que no había manuales ni mucha información sobre cómo trabajar con ellos, entonces todo era muy empírico, era ensayo y error”.
El profe aprendió lengua de señas y a la vez a ser más descriptivo con sus palabras. Aprendió a dibujar la estrategia de manera detallada en un tablero y a usar las expresiones adecuadas para crear un mapa mental del juego en la cabeza de sus dirigidos. Convirtió su trabajo en un juego de palabras, expresiones, esquemas y sensaciones que combinaran de manera ideal para conquistar más podios.

Los buenos resultados obtenidos con la Selección Santander lo llevaron a ser tenido en cuenta por la Federación Nacional. Así, en 2013 comenzó su vinculación con la Selección Colombia. Ese año se integró como guía al equipo y desde su rol aprovechaba para intercambiar ideas con el seleccionador y aprender de lo que veía en la cancha. En 2014 viajó con la delegación al Campeonato Mundial de la disciplina en Japón, sumando a su función de guía la de segundo asistente técnico, permitiéndole aportar su visión táctica al esquema de juego.
Su primera salida como DT principal fue en 2015, cuando la embajada de Japón invitó a Colombia a participar en un evento amistoso. El entrenador gestionó los recursos faltantes para concretar el viaje y cruzó el mundo con el plantel: “Fui por primera vez a ese torneo amistoso internacional como entrenador nacional, fue una experiencia muy bonita. Pude poner en práctica lo que había aprendido en estos años y pude tener a algunos deportistas de Selección Colombia mezclados con los de la selección Santander. Fue una oportunidad muy linda”.
Posteriormente, en 2016, lo llamaron para conformar el cuerpo técnico de la selección nacional de cara a los Juegos Parapanamericanos Juveniles de 2017; desde entonces no ha dejado de estar al frente del banquillo tricolor.
Fernando sabía que para llegar más lejos debía complementar su trayectoria práctica con bases académicas. Por eso, mientras crecía con la Selección Colombia, cursaba la Licenciatura en Educación Física.
“Luego de hacer mi vida como entrenador empírico, llegó el momento en el que decía: ¿ahora qué? Porque el requisito era ser profesional. Entonces entré ya viejo a la universidad a estudiar de noche y saqué la Licenciatura en Educación Física en cuatro años. Cuando la finalicé me llegó el primer contrato con el Comité Paralímpico para ser entrenador nacional”.

Después de este logro llegó el Magíster en Educación y, actualmente, está enfocado en finalizar su Doctorado en Educación. Estos estudios le permiten alternar la dirección de la Selección Colombia con las clases de educación física que dicta en el Colegio San Juan de Girón, en Bucaramanga, institución pública en la que fue nombrado por el Magisterio.
Las múltiples realidades que encuentra entre sus estudiantes, sumadas a las enseñanzas del deporte paralímpico, han transformado su visión: “Pienso que soy una versión mejorada de mi yo de hace 15 años, soy una persona más asertiva y más diplomática; sigo siendo fuerte, sigo siendo temperamental a ratos, pero ya sé direccionar en qué momento tengo que ponerme serio, en qué momento tengo que ser paternal y en qué momento tengo que corregir”.
Y así como el deporte lo ha transformado en un mejor ser humano, todos los días se esfuerza por llegar al corazón de sus dirigidos y alumnos: “Los profesores que me cambiaron la vida no fueron los que más sabían de matemáticas, física o química; fueron los que verdaderamente me dieron lecciones de vida, los que me enseñaron a ser mejor persona”.
Con esto en mente, Fernando trabaja para que su legado trascienda los títulos o los sistemas de juego. Prefiere que quienes lo rodean aprendan que solo la disciplina, el amor y la vocación dan la fuerza para alcanzar cualquier meta. Con la voz entrecortada concluye: “si hay mejores seres humanos y yo pude participar y aportar aunque sea una gotica, eso es todo lo que necesito dejar. Formar personas y dejar seres humanos más integrales, ese puede ser mi legado”.